La aparición de la variante ómicron se podría prolongar y profundizar la pandemia. Pero eso no significa necesariamente que la Fed se arrepienta de haber señalado una eliminación más rápida del estímulo monetario.

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Bloomberg — Cuando la Reserva Federal de EE.UU. celebre su próxima reunión de formulación de políticas a mediados de diciembre, los funcionarios se enfrentarán a una decisión difícil: si eliminar el estímulo recortando más drásticamente las compras de activos, como sugirió el presidente Jerome Powell en su testimonio esta semana ante el Congreso. Creo que deberían y probablemente duplicarán el ritmo de la reducción, estableciendo una trayectoria para poner fin al programa de compra de activos a mediados de marzo.

Sin duda, acelerar el proceso a solo seis semanas de iniciado sería un movimiento audaz, especialmente dada la incertidumbre económica que presenta la nueva variante Covid-19. Hace solo unas semanas, hubiera esperado que la Fed se mantuviera en la trayectoria original. Pero ahora el análisis de costo-beneficio ha evolucionado por tres razones principales.

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Primero y lo más importante, el panorama económico ha cambiado, lo que sugiere que la Fed podría necesitar comenzar a subir las tasas de interés antes para mantener la inflación bajo control. Los precios al consumidor han seguido aumentando a un ritmo rápido, como señaló Powell en su testimonio. La medida preferida de la Fed, el índice de precios subyacente para los gastos de consumo personal, subió un 4,1% en octubre respecto al año anterior, más del doble del objetivo del 2% del banco central. Los salarios del sector privado han aumentado un 4,6% durante el último año, el ritmo más rápido desde la década de 1980.

Según una encuesta de la Fed de Nueva York, el hogar promedio espera que la inflación promedie 4,2% durante los próximos tres años, frente al 2,7% del año anterior y la lectura más alta en la historia de la encuesta. El mercado laboral se ha contraído rápidamente: el número de puestos vacantes sin cubrir es inusualmente alto, tanto en términos absolutos como en relación con el número de personas desempleadas, y las personas están renunciando a sus trabajos a la tasa más alta registrada.

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En segundo lugar, como Powell ha dejado claro, poner fin al programa de compra de activos es un requisito previo para aumentar las tasas de interés a corto plazo desde su nivel actual cercano a cero. Subir las tasas mientras se siguen comprando activos tiene poco sentido, porque implicaría eliminar el estímulo con una mano y mantenerlo con la otra.

En tercer lugar, una demostración de flexibilidad sería una buena gestión de riesgos. En retrospectiva, está claro que el compromiso de la Fed con una política monetaria altamente acomodaticia ha encajonado a los funcionarios, limitando su capacidad para responder rápidamente a los crecientes riesgos de inflación. Al acelerar la reducción, la Fed enviaría un mensaje alto y claro a los mercados de que mantiene abiertas sus opciones. Más opcionalidad es mejor cuando las perspectivas económicas son particularmente inciertas y los riesgos de inflación se inclinan al alza.

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Pero, ¿qué pasa si este cambio desencadena una rabieta en el mercado, un resultado que los funcionarios de la Fed han estado tratando de evitar? Sin duda, esto es un riesgo, pero es preferible a acorralar al banco central en una senda de formular políticas innecesariamente inflexibles. Además, probablemente no sea un riesgo tan grande: los mercados han respondido con calma a las declaraciones de los funcionarios de que una aceleración gradual debería estar en la agenda de la reunión de formulación de políticas de mediados de diciembre. Los inversores parecen reconocer que dependerá de la evolución de las perspectivas económicas y que con Powell y Lael Brainard a la cabeza, la Fed mantendrá un sesgo moderado independientemente de lo que hagan con la reducción.

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Otro peligro es que la aparición de la variante ómicron se podría prolongar y profundizar la pandemia. Pero eso no significa necesariamente que la Fed se arrepienta de haber señalado una eliminación más rápida del estímulo monetario. Por el contrario, una mayor incertidumbre ofrece otro argumento más a favor de mostrar una mayor flexibilidad.

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La Fed debe actuar en la reunión de diciembre. Cualquier retraso adicional haría muy difícil completar la reducción a tiempo para tener la opción de subir las tasas de interés en la reunión de formulación de políticas de marzo. Como resultado, el banco central quedaría atrapado en la trayectoria actual, descartando al menos hasta junio subir las tasas. Eso sería un error.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Bloomberg LP y sus propietarios.

Este artículo fue traducido por: Miriam Salazar